Subir al escenario…

Siempre me pasaba lo mismo, iba despistado, había bajado del colectivo veinte paradas antes y deambulaba por la ciudad asqueado por el incesante devenir de las cosas, trabajo monótono, jefe estresante, familia dependiente pero desconocida…. Todo era normal, yo era normal, tenía los problemas que tenemos todos y que aburren por ser los de siempre, aunque no por ello les debe restar importancia.

Y así estaba desquiciado por la reflexión del día a día y, para aumentar el aspecto dramático de mi personaje, empezó a oscurecer. Esa situación le dio un aspecto algo más poético al asunto, pero luego empezó a llover y perdí mi actitud metafórica buscando un lugar donde resguardarme.

¿Qué donde era?

No puedo acordarme bien, recuerdo estar en lo más profundo del mundo porteño; en la auténtica Buenos Aires, para bien o para mal. Recuerdo la belleza decadente, la mezcla entre la vereda reformada y los postes de luz de hace un siglo. Y de repente, como una broma de la propia ciudad, me adentré en los años veinte.

WhatsApp Image 2018-04-12 at 12.40.15Les juro que Chaplin me abrió la puerta de este lugar, estaba ahí, y el tipo no me dijo palabra. Claro, era mudo. Me agarró el abrigo y el paraguas, y se fue andando, a su peculiar estilo de pies angulares cada uno mirando a un lado. Recuerdo una estructura de madera pesada, paredes de piedra grave, un lugar enorme, lleno de cosas que no se podrían imaginar. Mi vista se acercó a un mural colorido, extendido en la esquina de una barra asentada, adornada con luces tenues que se fundían muy bien con la oscuridad.

Así estaba perdido en un sueño. Tenía frío, pero Chaplin muy atento me llevó hasta una estufa de leña para calentar mis huesos, una estufa de leña negra con troncos ardiendo dentro, ¡se lo juro! Algo me atrapó. Del mural en la esquina pasé mis ojos a la barra de ladrillo, un chico joven me miró, y me dijo, “sé lo que necesitás”. Y juro que detrás de él, como si lo hubiera ocultado, aparecieron ante mis ojos decenas de botellas, ¡incluso cientos! Eran rones de todas partes del mundo, botellas con polvo de valor incalculable, cristales sin etiqueta que gritaban “probame”. Y el tipo agarró un par y las agitó enfrente de mis narices. Un hielo volaba por aquí y por allá, el asunto se puso espectacular, y de repente, me dio una bebida de color indefinible ¡y por Dios! Sabía a gloria, a algo que nunca había probado…

“Además tiene alcohol”, me dijo mientras sonreía, yo me quedé satisfecho. El alcohol constriñó mis vasos sanguíneos y eso ayudó a que el frío se pasara de golpe. Entonces las luces se apagaron de forma progresiva y un hombre me dijo:

-Comienza el show.

Al Escenario

*****

¿Estaba en un sueño?

Chaplin pasó corriendo a mi lado y decidí sentarme en una de las mesas. Entonces esa sensación de estar en el siglo pasado desapareció y me dio la sensación de estar en el siglo XXII. Las dimensiones de aquel lugar eran gigantescas, tres pisos por lo menos, y cuando quise darme cuenta la música me envolvió de forma magistral. El sonido era limpio, fluido y espectacular; sonaba tango, pero un tango que yo nunca había escuchado…. Un escenario se iluminó con grandes focos, y el pianista tocó un balada rápida mientras parejas bailaban a un ritmo frenético. Desde el tercer piso comenzaron a desenrollarse bailarines desde cuerdas de seda, descendían y ascendían como yoyós, a mi alrededor las personas observaban naturales el espectáculo; como si eso se repitiera todas las noches….

Figuras electrónicas comenzaron a fundirse con la realidad, todo era como una gran figura 3D. Imágenes de fondo iluminaban paredes de ladrillo y el pasado y el futuro se abrazaron para ofrecer un espectáculo que en el presente no tiene palabras. Y maldita sea, ¡no se rían! no exagero, sencillamente me encontré eso; y ahí estaba.

Hubo un momento de silencio durante la larga noche, ascendí las escaleras en busca de Al Escenarioaire; allí me fui encontrando esquinas íntimas donde la gente charlaba. Todos parecían ser un mural del ambiente, en ocasiones confundí a las mismas personas con cuadros colgados en los pisos superiores; el efecto de todo ello se me había contagiado. Pasé justo al lado de una mujer envuelta en seda; que me sonrió y se lanzó hacia abajo danzando sujeta por una de esas cuerdas….

Pasó el tiempo, se sirvieron bebidas, comí algo afrodisíaco, charlé con músicos, fotógrafas, periodistas de radio…. Y el espectáculo debe continuar, uno de los tipos al que no entendía hablar sacó su saxofón, y estuvo dos horas improvisando. El ambiente eran luces, madera antigua, el calor de las llamas y el olor de la hierbabuena recién cortada de los cócteles. ¿recuerdo alguna poesía? También algo de fútbol, política, pero música, ambiente, alegría….

Se apagaron los focos en mi cabeza. Me recuerdo fuera del lugar, y Chaplin sonriendo diciendo adiós con la mano. Una enorme puerta se cerró en mis narices; los metales negros adornaban sus ventanas, sus puertas, un edificio antiguo, imponente, colonial….

Juro que antes de irme vi como un vagabundo que llevaba un traje acompañaba hacia sus autos a quienes habían compartido ese momento conmigo. El “guarda-coches” del local parecía haber estado allí toda la vida, le dí veinte pesos, aunque no tenía auto, y le pregunté como volver al centro de la ciudad. Me indicó a una cuadra de allí, la anduve y había un colectivo. Durante el camino empecé a recuperar la lucidez, la sensación de realidad.

¿Qué había pasado?

Yo no solucioné mis problemas, pero encontré un escape. Un lugar donde volver a conectar con algunos de mis sentidos, un auténtico viaje introspectivo. Me sentí experimentador, encontré una carretera secundaria donde lo viejo paso a ser nuevo y dejó de ser extraño. Por una noche me inspiré, quise crear, volver a ser la estrella, mostrar mis talentos, subir al escenario….

 

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3 comentarios sobre “Subir al escenario…

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