Los diarios del ron

Cuando se apagan las luces, todo aquello que está inerte cobra vida. Surgen cuestiones sobre qué es realidad y qué ficción, ¿la verdad es lo que dicen los científicos? ¿Lo que sienten nuestros sentidos?

Todo ello parece lo más lógico, pero quizás, solo quizás, existen cosas que no puedan ser bajo nuestra presencia; que los sentidos evitan que se manifiesten. Cosas que no pueden comprobarse. Cosas que, en conclusión, están reservadas a ellas mismas.

Cuando se apagan las luces en Al Escenario ocurren este tipo de secretos; pero solo nos las podemos imaginar. Una vez hasta pusimos una cámara de vídeo, pero se apagaba durante la noche, se estropeaba, sin razón aparente; como si nos dijera que está prohibido pasar. No estábamos invitados a ese espectáculo.

¿Qué de que demonios hablamos?

En nuestro local existen decenas de rones. Botellas nacidas en diferentes partes del mundo. Cada una con su propio pasaporte y alejada de sus fronteras. Al apagar las luces, cuando acaba el show charlan entre ellas, se cuentan sus historias. Una reunión de viajeras que tiene mucho que contar y encima están rodeadas de tragos.

Las de Venezuela, Cuba y Puerto Rico suelen hablar entre ellas porque hablan español. Otras se esfuerzan mucho por comunicarse, la francesa y la japonesa son tímidas y la barrera del idioma es enorme. Otras sencillamente son mudas, no tienen leyenda ni nombre.

Eso nos imaginamos que ocurre, porque hay algo que caracteriza a estas botellas; su gran capacidad para contar historias. Algunas veces parece que inventan demasiado, otras veces que mienten. Deducimos que esto suele ocurrir cuando se beben entre ellas….

Así todas las semanas cuando abrimos el local, al abandonarlas durante días en su intimidad, nos las encontramos a todas ellas en el mismo lugar. Todo parece igual para el ojo inexperto, pero si las agarras y les das la vuelta; en sus etiquetas las historias cambian cada semana. Ellas prolongan sus diarios del ron, cada una busca escribir su historia, aprovechando el poco papel que tienen para que no se olviden sus historias.

Cuando vengan, pidan un ron, y pregúntenle al camarero su historia, él las apunta cada semana y al parecer, cada una suma cientos y cientos de páginas.

 

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