Ser o no ser (Parte 1)

“Puedo enseñarle a cualquier persona cómo conseguir lo que quiere en la vida. El problema es que no puedo encontrar a quien pueda decirme qué es lo que quiere” Mark Twain

Una mujer de sangre zíngara, de origen tradicional y profundo; arraigada en las ramas geneticas de tradición nómada, entró un día de temperatura inclemente en un refugio, que no fue otro que Al Escenario.

El fuego de la chimenea estaba encendido, la mejillas coloradas por el sabor del vino, el rasgueo de guitarra endulzando el ambiente; todo era muy íntimo, había poca gente.

Esa mujer manifestaba unos rasgos gitanos, unos aires pasados de historia marginal; no obstante había abandonado sus tradiciones por el sedentarismo; abrazada por las ideas de la Ilustración y occidente. Una mujer empoderada, con un título y propiedades, con aquello que nuestra sociedad considera progreso, lo que se podría definir como clase media alta.

Ella era de naturaleza curiosa, preguntona y de mente ágil. Su aura era elegante y simple, aunque trataba de ofrecer una visión profesional, sin embargo, ofrecía un halo de misticismo inconsciente.

¿Era bella?

Siempre preguntan lo mismo, pero sí, lo era. De esa belleza natural que solo quien no se preocupa mucho ostenta.

Pues la gitana había llegado al local, justo cuando nuestro antihéroe, nuestro músico invitado era un hombre gitano; fuertemente involucrado en la naturaleza de su pueblo. Ese hombre era desgarvado, de cabellera negra, voz grave y ronca, vestido de traje gris e imbuído con el atractivo del misterio.

Ambos quedaron conectados, conscientes de su parentesco aunque alejados por la experiencia de tomar caminos diferentes. Así tras el último cante, el gitano y la gitana se sentaron juntos para charlar, mientras yo servía más vino sin parar de mirar.

Así conversaron de todo, de mezclaron la luz de las llamas, las risas y de repente, pidieron más vino. Hasta que, en un arrebato de sin razón, de pasión acentuada por quien se deja llevar por el alcohol; comenzaron a discutir sobre la validez de sus caminos. La conversación pasó a tener un tono más grave, y el tema pas+o al elitismo, la educación, el dinero y el status…. La tensión.

Viendo que algo hermoso se acababa me acerqué, como buen amante de las historias para que todo no quedara en nada. Allí, le dije:

-¿Sabéis a que me recordáis?

A un cabaré…

Y por el momento se cerró el telón. Continua en el acto dos.

 

 

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